ESPACIO PARA CRECER

Hace poco estuve en Cali y me pareció que los adelantos en la infraestructura de la ciudad están bien pensados, y para mi ojo amateur, bien ejecutados. Las carreteras del Valle han sido mejoradas y sé que la ciudad quiere ser la capital empresarial de la región Pacífica. En función de esto han llegado reconocidas cadenas de hoteles, se construyó el Centro de Eventos Valle del Pacífico, y pronto se remodelará el aeropuerto, entre otros. En muchos aspectos, me encontré con una ciudad con ánimo de crecer y mejorar, y por otra me encontré con la misma de siempre. Eso a su vez tiene algo bueno - es reconfortante estar en casa pero por otro lado, me topé con ciertas idiosincrasias que no parecen estar evolucionando al mismo paso que la infraestructura: el racismo, la misoginia y la discriminación en general.

El racismo es un problema que existe en todas las ciudades del mundo pero esta vez me molestó más de lo normal. Tal vez fueron los comerciales anti-racismo de la FIFA, las situaciones en Gaza e Iraq o porque como se trata de mi gente, ciudad, y país, me duele mucho más.

La discriminación es un asunto complejo, y no se puede abarcar en una sola columna pero sí me gustaría reflexionar sobre el tipo de racismo al que está acostumbrada mi generación - a nosotros no nos ha tocado vivir en una época de racismo extremo como la segregación del sur de Estados Unidos, o la que se vivió durante el apartheid en Sudáfrica. En el espectro del racismo hay polos opuestos - uno podría ser la forma arraigada como se ve en Cali, en donde está disfrazada con una cara amable y llamando a todo el mundo "amigo". La otra, la guerra en Gaza, que ya es producto de una intolerancia envuelta en muchos otros temas complejos que se manifiesta de forma violenta (por tercera vez en seis años). Y que solo se ha empezado a entender como tal gracias al trabajo de foto-periodistas que con mucho coraje y valentía están logrando que se humanice a los palestinos, en cambio de dejar que se equiparen a todos con el grupo terrorista de Hamas.

En algún punto intermedio, podría estar el racismo institucional que se manifiesta en los siguientes datos: de 2.3 millones de personas encarceladas en Estados Unidos, 1 millón son afroamericanos; afroamericanos e hispanos representan el 58 por ciento de la población encarcelada, aunque solo representen el 25 por ciento del total de la población estadounidense. Pero sobre esto nadie se inmuta, siendo un perfecto ejemplo de cómo se crea un círculo vicioso alrededor de comunidades en riesgo, estereotipadas y condenadas a una vida de segregación y miseria.

El racismo tiene repercusiones muy serias que se agravan como en Colombia por la falta de datos estadísticos y precisos sobre la situación demográfica y socioeconómica de etnias como los afro, impidiendo la formulación y aplicación de políticas adecuadas para atender eficazmente las necesidades específicas de estas comunidades, como la educación y el empleo. Sin embargo y según las cifras publicadas en el 2005 por el DANE, los departamentos colombianos habitados mayoritariamente por afros y comunidades indígenas evidencian mayores tasas de inasistencia, desempleo, informalidad y rezago escolar, entre otros; haciendo casi imposible romper con el círculo vicioso de la segregación y la pobreza.

¿Qué se puede hacer? Tal vez deberíamos aprender de los foto- periodistas, cuyo lema de vida es "ser testigo" y que se dedican a correr la voz sobre el sufrimiento anónimo de otros. Porque ya no es suficiente con que no seamos racistas, debemos abogar por los que no tienen voz.

En un país con 47 millones de personas, donde el 49 por ciento se auto- identifican como mestizos, el 37 por ciento de descendencia europea, el 11 por ciento de descendencia africana, y el 4 por ciento como indígenas, el racismo ignora que nuestro potencial e identidad está en la diversidad racial, es decir, en la mezcla. ¿Y cómo pretendemos ser la capital del Pacífico con la situación actual de Buenaventura?

P.D. Les recomiendo que vean las fotos publicadas en www.humansofnewyork.com/ que tienen una forma muy especial de hacer que uno sienta gran empatía por las personas retratadas, sin importar la raza, el sexo o el credo.

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This was originally published on 11 August 2014 on Programa La Llave. It can be found here

 

 

 

 

 

PRIVACY, TRANSPARENCY, & YOU

¿CUESTIÓN DE RELIGIÓN O SALUD PÚBLICA?